domingo, 27 de noviembre de 2005

El comentario: Harry Potter y el cáliz de fuego

No me tengo precisamente por un gran fan de la saga literaria de JK Rowling; es más, considero casi inexplicable el éxito de sus libros, especialmente los últimos donde no pasa nada de nada hasta las páginas finales.

En cuanto al cine, la primera parte me parece entretenida; la segunda una plasta de cuidado; la tercera, la mejor hasta la fecha.

Así que sin ningún sentimiento especial me he acercado a ver este nuevo Harry Potter gratamente sorprendido de su tirón juvenil (¡que bien que esto se deba a un libro no a un garrulo policía o unos chavales macarras!)
El libro, muy extenso, obliga a acortar tramas (algunas quedan cortas) e ir al grano, a lo mejor demasiado. Si en la anterior, Alfonso Cuarón iba a por el trauma del niño mago, ya adolescente, lo cual le permitía construir algunas escenas de gran belleza, aquí Mike Newell va por faena. Debe ocuparse de las tres pruebas que centralizan la acción y poco más.

Una peli que dura 2 horas 30 y no se me hizo pesada tiene su mérito. Es distraida, los efectos son correctos (no hay los imperdonables descuidos de por ejemplo La leyenda del Zorro), tiene humor y esa intensificación de lo siniestro empezada con la anterior entrega.




Es curioso que, a medida que los protas crecen (aquí son evidentes las cuitas amorosas y/o hormonales) el tono se ensombrece. Será que la edad da miedo. Como dice Hermione, nada será como antes, mejor para mi, nada será ya como el blando de Chris Columbus quería (o le imponían)

Ah, y sale el malo maloso Voldemort, un casi irreconocible Ralph Fiennes. En el fondo, lo que este tipo quiere es la juventud de Potter y compañía.