domingo, 22 de enero de 2006

Brokeback Mountain: una historia de amor

Esta mañana me he acercado a ver la película de la que se hablaba tanto desde hace relativamente poco tiempo. Mi primera sorpresa ha sido ver la cola que había formada en el cine, inexistente en pelis de tanto tirón popular como el último Harry Potter o King Kong.


Así que, con la sala casi llena, he asistido a una historia de amor vista mil veces con la única novedad que aquí los protas son dos cowboys (en el sentido literal o casi, cuidan ovejas por los montes) La peli me ha recordado mucho a Los Puentes de Madison, como si Ang Lee se hubiera propuesto asumir el estilo del Eastwood de esa peli por un lado y de Sin Perdón por otro (la aproximación al paisaje o los silencios entre los protagonistas.


Es una buena película, que duda cabe, pero he de confesar que no me emociona demasiado y que un recorte no le hubiera ido mal. Creo que llega un momento que se hace un poco reiterativa, la historia queda como estancada. Si tenemos en cuenta que nació de un relato corto, a lo mejor se entiende mejor mi impresión.


Es posible que el éxito de esta peli sea el dar al público algo que escasea: cine clásico. Sin efectos, sin ruidos, sin argumentos enrevesados. Solo una historia de personajes, más basada en gestos y silencios que en grandes diálogos. La austeridad es su mejor valor pero también conlleva esa cierta repetición que aprecio en algún tramo de la película.


Brokeback Mountain gustará y tendrá premios pero creo que su éxito es un poco postizo. Prefiero la locura y la emoción de, por ejemplo, la olvidada Todo está iluminado que esta historia de amor bonita, sí, pero ya vista si cambiamos el sexo de sus protagonistas.

2 comentarios:

porlacara dijo...

Pues si, Brokeback Mountain esta batiendo records de taquilla. Los globos de oro han conseguido llamar la atención de esta película que sin ser mala hubiese pasado sin pena ni gloria por las salas de cine...

David dijo...

Pues vista la peli, me pareció un pelín bastante aburrida, hueca y sin mucha emotividad. Ang Lee dirige bien, pero hay ratos en que el ritmo es demasiado difuso y cambiante - a veces muy contemplativo y a veces muy rápido - como para poder seguirlo con facilidad. No sé, me esperaba más, tanto de los actores como de la película en sí.