domingo, 11 de junio de 2006

El asesinato de Richard Nixon

¡Qué grande es Sean Penn! Él casi por sí solo mantiene con vida una peli como El asesinato de Richard Nixon. Merece verse solo por su descomunal trabajo pero es que también está otra grande, Naomi Watts, aquí de morena pero igual de excelente.

El asesinato de Richard Nixon me ha recordado a Taxi Driver. Es fácil ver en el personaje de Penn muchos ecos del taxista que encarnaba Robert De Niro.

Ambos quieren su porción del Sueño Americano pero el sistema se la niega. Penn está a punto de divorciarse de su mujer, trabaja de vendedor para un jefe que le repugna y su idea del negocio salvador se va al traste cuando le deniegan un crédito. Es entonces cuando se sumerge en una espiral de paranoia y decide acabar con la cúpula del poder.

El mérito de la película está en un guión que hace creíble el descenso a la locura del protagonista pero no sería nada sin ese extraordinario actor que se convierte en un personaje patético que despierta la compasión del espectador. Si el actor llegó al límite con su durísimo personaje de 21 gramos, aquí se acerca a ese nivel.

¿Podemos justificar el fanatismo? ¿La locura? Seguro que no pero sí podemos intentar comprenderla. Solo así podemos superar algunos graves problemas de nuestro tiempo, intentando comprender por qué “el otro” hace lo que hace.

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