jueves, 20 de julio de 2006

Un país de pandereta

Estos días de vacaciones estoy saliendo de mi rutina y me veo obligado a coger otro tipo de transporte más accidentado que el habitual. Todo nos lleva a pensar en ese gran pero cierto tópico de que vivimos en un país de pandereta indigno de los impuestos que pagamos.
Si coges el coche... olvídalo. No es que no puedas aparcar pero en verano proliferan las obras a cual más absurda que obligan al conductor a sacarse un carné de Carlos Sainz si no quiere acabar en la cuneta.
Si vas en tren... Ni se te ocurra.
Cuando hay huelga va de pena. Cuando no la hay, también. Además en la estación central de Barcelona (Sants) se les ha ocurrido cerrar interiormente los andenes de Cercanías de manera que, si quieres hacer transbordo de línea, tienes que salir y entrar otra vez. Como las salidas son muy pocas se arman unas colas incluso peligrosas.
Otra cosa graciosa es el tren del aeropuerto. La primera imagen que tienen los turistas es la de trenes abarrotados, vagones de ganado auténticos y unos accesos muy adaptados si vas con maletas.
Y estos son solo algunos ejemplos.

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