martes, 15 de agosto de 2006

Historias de treinteañer@s

Estos días tenemos dos pelis en cartelera que hablan más o menos de lo mismo: una es alemana y se llama Verano en Berlín. La otra es española, Días azules.

Ambos son ejemplos de lo que yo llamo películas que no van a ningún sitio. Te plantean una historia, reiteran las situaciones, y al acabar no sabes bien qué te querían contar. Si tuviera que escoger una, sería la española, aunque tampoco es para tirar cohetes.

Verano en Berlín es la historia de dos amigas. Una tiene a su hijo sola y lucha por encontrar trabajo. Sus problemas le llevarán a la bebida. La otra se ocupa de cuidar ancianos y busca un amor definitivo que le lleva a liarse con un extraño camionero. La peli se hace larga y no dura mucho y su ritmo es más bien cansino. Se ha llevado premio de guión en algún festival importante pero no entiendo bien cuáles son sus méritos.

Verano en Berlín. Katrin y Nike son dos amigas que viven en una casa antigua de lo que fue Berlín Este. El piso de Nike tiene un balcón, donde pasa noches enteras charlando con Katrin, que vive con su hijo en la planta baja. Suspendidas entre el cielo y la tierra, se instalan en el balcón y observan la existencia diversa y compleja de los hombres, reflexionando acerca de sus propias vidas y de sus deseos.



Días azules presenta a 3 hermanos que ven cómo cambian sus vidas a causa de un accidente. Cada uno de los hermanos responde a un tipo determinado y se reencontrarán en la casa familiar para ver qué querían conseguir de la vida y qué han logrado realmente. Se puede ver pero no mata. Lo mejor es su reparto: Óscar Jaenada, Javier Pereira y Javier Ríos.



Galicia, un verano de hace siete años. Tres hermanos muy unidos, Boris, Carlos y Álex, pasan su último fin de semana de vacaciones en un pueblo de la costa. Desde la muerte de su padre, hace ocho años, Carlos, de 26 años, se encarga de administrar el negocio familiar, una imprenta. Boris, el mayor, de 28 años, es un bala perdida, un vividor que sigue en tercero de Derecho: con su desparpajo y su inmadurez es un foco de diversión y de tensión. A Álex, el pequeño, de 23 años, acaban de concederle una beca para hacer un máster en Estados Unidos, y es en el que todos confían para que triunfe en la vida.Estos días allí tienen un sabor agridulce, porque van a despedirse de la casa familiar en la que llevan veraneando toda su vida: acaban de venderla y eso también supone la despedida de su juventud, el cierre de toda una época.

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