martes, 20 de febrero de 2007

Cartas desde Iwo Jima

Aunque por momentos Cartas desde Iwo Jima parezca demasiado ingenua o incluso increíble me parece más real y novedosa que su predecesora Banderas de nuestros padres.

Eastwood ofrece el otro lado de la historia, el de los soldados japoneses bombardeados por temas como el honor y la idea de dar la vida por el Emperador, el de los generales ilustrados y sensibles o el de los capitanes fanáticos. En minoría frente a un enemigo más poderoso, la película documenta durante 2 horas y media que se hacen largas la defensa de Iwo Jima.

De nuevo con un protagonista colectivo, aunque destaque Ken Watanabe en un papel agradecido, la película deja la sensación de que con solo una que combinara ambas versiones el resultado habría sido excelente.

Lo mejor de la película, aparte de su factura técnica y ese tono monocromo roto solo por explosiones o sangre, son algunos momentos brillantes, como cuando los soldados japoneses leen la carta que un soldado enemigo recibe de su madre y se reconocen a sí mismos, a su propia madre. Es la sinrazón de la guerra, una vez más explicitada en el Cine, que convierte en enemigos por capricho a quienes en el fondo son iguales.

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