sábado, 1 de septiembre de 2007

CAÓTICA ANA

El cine de Julio Medem es, en cierto modo, comparable al de David Lynch.

Los dos tienen sus mundos peculiares, sus imágenes fetiche, sus músicas; a los dos se les reconoce más por su imagen que por lo inteligible de sus historias; y, por decir algo más, ambos requieren de espectadores cómplice aunque en alguna ocasión hagan pelis más accesibles.

Para mi, Caótica Ana no sería eso ni me parece lo mejor del director de La ardilla roja. Es más, hay en ella, como en algún instante de Lucía y el sexo, extraños accidentes, imágenes y escenas fuera de lugar, que entorpecen el resultado final.



La película viene a contar, bajo la apariencia de la historia de una chica que accede a sus diferentes vidas anteriores, la vigencia o necesidad del poder de la madre creadora, la inutilidad de las guerras y las fronteras arbitrarias.

Todo esto requiere que el público acepte la narración de Medem, a ratos vibrante, estimulante, sorprendente, bella, a ratos tibia, ingenua, aburrida, soez. Rodada con su habitual pericia pero sin su apoyo constante Alberto Iglesias, Caótica Ana me decepciona y su alabada protagonista es una revelación pero tampoco nos pasemos. Sí que coincidiríamos en que Bebe es una presencia estimulante.

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