domingo, 20 de enero de 2008

EN EL VALLE DE ELAH

La gran pregunta que plantea la historia de David y Goliat es la enseñanza (o una de ellas) de esta gran segunda película del director y guionista Paul Haggis: ¿por qué dejaron al más joven y pequeño ir a luchar contra un enemigo poderoso? ¿Por qué le dejaron cruzar solo el valle de Elah armado con una honda?

No es difícil situar esta duda en la época actual y al momento que recoge la película. Desde siempre los viejos han mandado a sus hijos o a los de otros a luchar por quién sabe qué, armados con palos, frente a un enemigo que sencillamente no puede vencerse. En el valle de Elah habla de Irak, sí, pero no solo de eso. La película utiliza esa excusa para hablar de una sociedad que convierte a sus hijos en zombis, tan capaces de asesinar a otro por unas zapatillas o porque te ha mirado mal, sin el menor remordimiento.

Paul Haggis se fue un poco de madre con Crash. Quiso, en mi opinión, abarcar mucho y se quedo fuera de juego. Las coincidencias de sus vidas cruzadas no me convencieron aunque los valores de la peli fueran innegables. En esta ocasión ha creado un guión más sencillo: un padre busca a su hijo, este muere y el padre quiere saber qué pasó. Es una historia conocida. La hemos visto otras veces. Solo que aquí tenemos que añadir que el hijo estuvo en Irak y que el padre también fue militar.


Hace unos días hablábamos de Expiación, del sentimiento de culpa. Bastante de esto hay también esta peli. No es tanto quién hizo que el hijo muriera, quién fue el ejecutor, como quién le llevó a esa situación a lo mejor sin saberlo, a lo mejor sabiéndolo pero sin saber cómo echarse atrás. Tanto el personaje de Tommy Lee Jones como el de Charlize Theron tienen más de un momento en que piensan eso.

Volviendo a Expiación, si la peli recupera el tempo, la narración clásica, Paul Haggis se acerca al Eastwood de Mystic River. La investigación criminal le sirve para mostrarnos más cosas y Haggis lo hace a la clásica, dando tiempo al plano y sobre todo apoyándose en unos enormes actores. Nunca Lee Jones estuvo mejor en el papel de ese hombre que tiene todo controlado en su vida, con sus rituales militares, que de pronto no entiende dónde falló. Charlize Theron está también de premio aunque no se porque hace cara de llorar durante toda la peli, a veces sin motivo aparente. Y Sarandon muestra verdadero dolor lo poco que aparece.

En suma, una gran peli, un gran drama que entretiene, emociona y nos dice algunas cosas bien claras. ¿Qué coño se nos perdió a nosotros en el valle de Elah?

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