domingo, 13 de enero de 2008

EXPIACIÓN

El repiqueteo de una vieja máquina de escribir nos recibe al principio de esta película y nos da una pista sobre lo que vamos a ver: una historia de amor, un drama, tal vez real, tal vez ficción. Hay también mucha presencia de lo literario, de cómo un escritor inventa mundos y personajes, de cómo se basan estos en la realidad, de cómo aprovechamos nuestras experiencias en la vida para incluso expiar nuestros pecados.

Expiación habla de la culpa, de cómo una mala interpretación, un error de juventud, puede acabar marcando a diferentes personas. Un error o una decisión basada en el amor, en el no correspondido, tal vez una de las cosas más dolorosas y turbadoras de la vida. A partir de lo que en apariencia es un hecho fortuito (un encuentro junto a una fuente, un jarrón rota) se desencadena el drama. Este arranque me ha hecho recordar otra magnífica película también basada en una novela de McEwan, Enduring Love, con Daniel Craig. La historia nos muestra el desencuentro forzado de los amantes, la llegada de la guerra a sus vidas, y culmina con una cierta amarga redención.


Joe Wright salió airoso de adaptar a Austen y también lo hace al vérselas con Ian McEwan, aunque para mi gusto no llegue a la excelencia de su Orgullo y Prejuicio. Está claro que aquel era un material más agradecido, por así decirlo, más festivo. Expiación es como uno de esos libros que nos obligamos a leer: reconocemos su valía, nos sorprende en más de un pasaje, nos emociona en su desenlace, nos enamoramos de los personajes, los odiamos, pero sin que cale en nosotros como una obra redonda.

Durante la visión de esta peli no puedo más que aplaudir el talento a la hora de filmar de este director, su querencia por el encuadre clásico (antológico el plano secuencia de Normandía), la narración fluida, el empleo de la banda sonora (un acierto el utilizar sonidos reales en la partituray de nuevo magno el trabajo de Dario Marianelli), su gusto por darle importancia al texto y los actores. Pero le echo en falta la pasión desaforada de un Anthony Minghella (me recuerda mucho Expiación a Cold Mountain, salvando las distancias), un pulso más dinámico en su arranque.


Destacar el trabajo de Keira Knightley no es novedad en mi, suficientemente alabada ha sido desde su aparición en Quiero ser cómo Beckham. Mencionar de nuevo su perfecta recreación de la heroína del drama romántico clásico, su manera de decir el texto, sus miradas. No menos bien está James McAvoy, la niña que todo lo estropea, y una emocionante Vanessa Redgrave.

Si le pongo alguna pega a la peli se las quito todas por su parte final. Preciosa. Triste. Magnífica.

3 comentarios:

Plaer dijo...

Me encantan las impresiones que describes, aunque yo sí quedé cautivada con esta historia cuando la leí, especialmente por cualidades del libro que nunca podrán ser expresadas en una película, pues no sería película, sino libro.

Y copiando algo que dices, sus defectos (los que yo le veo) se los perdono, ya que me rendí a McEwan en la primera parte de la historia y a Wright en su anterior peli, y no prescindiría de Expiación en ningún caso.

un saludo

Sr.Cine dijo...

Yo no he tenido la suerte de leer el libro, por eso mi comentario es únicamente sobre lo que me dice la película.

Reitero que yo también le perdono los defectillos.

BLUE_EYES dijo...

Solo recalcar que no era normandia,si no la evacuacion inglesa de dunkerke
buen podcast a todo esto