domingo, 20 de abril de 2008

EXPEDIENTE ANWAR

La guerra contra el terrorismo vivió un cambio evidente tras el 11-S que el cine y la televisión han retratado en más de una ocasión.

Es por eso que lo que cuenta Expediente Anwar no nos sonará a nuevo pero tiene el valor de decir las cosas bastante claras. La película denuncia la tortura en nombre del bien mayor y la impunidad de los gobiernos, en este caso el americano, que creen que el fin justifica los medios. Está claro que acabar con el terrorismo es un tema muy complejo, que escapa a las simplificaciones.

La trama de la película plantea al espectador alguna pregunta incómoda que parece no casar con su espíritu de denuncia: ¿vale la pena condenar y torturar a un inocente para salvar 7 mil vidas inocentes? ¿Dónde están los límites? La película presenta con eficacia sus argumentos aunque se embarulla un poco en las tramas paralelas.


Seguimos a un ingeniero egipcio acusado de colaborar con terroristas objeto de tortura sin que su familia sepa su paradero; vemos a un agente de la CIA que se cuestiona a sí mismo y los métodos que utiliza tanto él como su gobierno en esos despachos lujosos donde deciden vida y muerte de personas; y tenemos a un torturador padre de familia cuya hija se escapa con su novio. Estas tres historias se entremezclan hasta llegar a la resolución donde cobran sentido real. Mientras tanto la peli avergüenza por lo que explica y mantiene bien el interés.

Nos hace pensar durante y después de su proyección en cosas como cuántos nuevos terroristas o salva patrias provoca la sinrazón. Como en otros casos, aunque no sea una peli perfecta, su necesidad está fuera de toda duda.

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