martes, 26 de agosto de 2008

Sean Connery presenta su autobiografía



Un numeroso grupo de estudiantes elegantemente uniformados miran atónitos la larga cola que rodea la plaza de Charlotte, en pleno corazón de Edimburgo. Kathelin, delgada octogenaria de mirada despierta e infinito saber culinario, no puede evitar poner la oreja en la conversación de Ross, Jordan y Ryan, tres colegiales de 13 años: "¿Quién viene hoy aquí?", pregunta Ross. "Es Sean Connery... James Bond", se entromete Kathelin. Los tres estudiantes del Liberton High School no quedan muy satisfechos con la información.


En ese momento, Connery, en su 78º cumpleaños, serio y algo titubeante, avanza por el pasillo humano que le lleva hacía una caseta de plástico duro reconvertida en teatro. Un grupo de señoras canta afinadísimamente el Happy birthday; Ross, Jordan y Ryan aplauden como locos. ¿El agente 007? "¡Pero si es el padre de Indiana Jones!", dice Jordan.


Así, de elegante chaqueta y camisa blanca de cuello alto, se presentó el actor en la Feria del Libro de Edimburgo, su ciudad. Dos semanas por las que han pasado más de 800 autores en 750 actos que han confirmado el título que la Unesco ha otorgado a la Edimburgo como "la primera ciudad literaria del mundo". Escocia es mucho más que gaitas, fina lluvia y faldas a cuadros. Pero ayer la estrella fue el padre de Indiana, que venía a presentar su autobiografía Being a scot (Ser escocés).


De eso hizo gala Connery nada más sentarse en la silla transparente en la presentación del libro. "Escocia podría participar en cualquier evento como nación", dijo en referencia a la posible participación del país en los Juegos Olímpicos al margen de Reino Unido. Connery pertenece al partido independentista escocés. Actualmente vive en Bahamas -Marbella quedó atrás-, y en numerosas ocasiones ha asegurado que no volverá a vivir en Escocia hasta que ésta sea independiente. Así que, por ahí, ayer pocas sorpresas en su presentación. Connery, que asistió con su hermano y su actual mujer, dedicó pocas palabras a James Bond, y muchas menos (es decir, ninguna) para el padre de Indiana.


Sí habló de golf ("debo decir que ha sido una de las cosas más importantes de mi vida. Creo que debería estar en todas las escuelas, pero se debería enseñar bien"), de fútbol ("de pequeño era del Celtic, como mi padre, pero luego me hice de los Rangers") y de su país, claro.


Porque Being a scot, más que una biografía es un viaje por Escocia visto por los ojos de este galán (además de ser James Bond, Connery quedó tercero en Míster Universo en sus años mozos). Olviden los posibles detalles sabrosos (y amorosos) sobre su vida, sus aventuras cinéfilas y sus momentos no tan agradables -ni una línea sobre la acusación de su ex esposa de ser un hombre violento-. Aquí no los van a encontrar, y los cinéfilos compulsivos tendrán que buscar otra bibliografía. Ayer volvió a repetir su frase comodín para justificar los tan escuetos detalles personales del libro: "Tardaría demasiado en desmentir todas las mentiras que ya se han escrito sobre mí".


Quien sí se sabe su biografía mejor que la Wikipedia es Benny, sobre todo porque los primeros años de Connery pasaron justo enfrente de su barbería. "Ahí empezó a trabajar como lechero. Eso era antes un establo", recordaba ayer con unas tijeras en la mano. Estaba en Grove Street, en Fountainbridge, el barrio humilde al sur de Edimburgo donde nació Connery. El antiguo establo está ahora en ruinas y arrasado por la maleza. A pocos metros, la casa donde nació tampoco existe. Un solar gigante donde dentro de poco crecerá un edificio de oficinas con gimnasio y el resto de las necesidades de un yuppy cualquiera. "Recuerdo cómo venía todas las mañanas a trabajar aquí. Su padre se cortaba el pelo en esta barbería. Yo, con él, la verdad es que nunca hablé mucho", explica Benny, que vuelve al tajo con resignación. "Si yo tuviese tanto dinero también me iría a vivir a Bahamas", dice entre dientes.


Connery se fue ayer tal y como llegó: en medio de una ligera lluvia y entre aplausos de sus admiradores. También de los que no pudieron entrar a la presentación del libro, que agotó las 300 entradas sólo 60 minutos después de salir a la venta. Así le pasó a Elena de Gea, una española de 29 años que ha venido a Edimburgo sólo para ver a Connery unos segundos. "Es que estoy enamorada de él desde que le vi en Los últimos días del Edén", dice ante su marido. "Connery, además de uno de los mejores actores de la historia, sigue siendo el tipo más guapo y elegante del mundo".



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