domingo, 28 de septiembre de 2008

Ha muerto Paul Newman



Ayer, mientras preparaba el programa, Sandra me informó de la noticia de la muerte de Paul Newman, algo esperado por lo sucedido en los últimos meses pero no por ello menos chocante. Sin duda era una de esas personas que merecen llamarese estrellas de cine como tal y siempre recordaremos sus películas y su modélica vida fuera de la pantalla.

Le recordaremos en películas como El Golpe, Dos hombres y un destino, La gata sobre el tejado de zinc, El buscavidas,y tantas otras.

Su hija ha comentado que la mejor manera de recordarle es participar en alguna causa humanitaria o, simplemente, votar.

Paul Newman --leyenda de la interpretación, enamorado de las carreras de coches, decidido activista social y político, filántropo silencioso-- sucumbió en su lucha contra el cáncer de pulmón a los 83 años. Murió en su granja de Westport, en Connecticut, lejos de focos, logrando que no fuese la imagen del cáncer devastador la que ilustrara su final.


La pérdida de un actor que consiguió romper la cárcel de su belleza y logró representar desde a pícaros hasta al antihéroe americano --provocando empatía por complejos personajes llenos de contradicciones y cinismo-- estremeció al mundo. Muchos en EEUU aparcaron, siquiera por unos momentos, crisis y debates para recordar y rendir homenaje a todo un mito. Un actor --y director-- que nunca se dejó deslumbrar por su propia estrella, por más que esta brillara con más de 100 títulos de cine, televisión y teatro, ocho nominaciones al Oscar y tres estatuillas (por El color del dinero y dos honoríficos).


Las primeras noticias de la muerte de Newman, que nació el 26 de enero de 1925 en un suburbio de Cleveland (Ohio), llegaron a través de comunicados de varias fundaciones benéficas en las que participaba. Porque el viernes moría una innegable leyenda de la pantalla y las tablas que defendía que la actuación no es "nada más que explotar las facetas de la propia personalidad", pero fallecía también uno de los más generosos filántropos de EEUU, que donó más de 220 millones de dólares --especialmente a Hole in the Wall Gang camp, un campamento para niños enfermos terminales que él fundó--.

Paul Newman destinaba a diversas causas desde 1992 todos los beneficios de su empresa de salsas de ensaladas (ampliada luego a otros productos y bebidas) con la que alimentó otra de sus pasiones --y a la que prestó su imagen, desarrollando también un sarcástico eslogan justificando el uso de su fama: "desvergonzada explotación por el bien común"--. Pero aborrecía la "filantropía ruidosa". E incluso cuando Bill Clinton era presidente y quiso premiarle con una medalla, él la rechazó. No quería alimentar lo que definió como "honorrea".


Newman fue también un abierto activista político. Aunque ayudó en sus aspiraciones a su único hermano, Robert, republicano, fue un demócrata decidido. Clamó contra la guerra de Vietnam, hizo campaña por un candidato antibélico --Eugene McCarthy--, e incluso fue delegado por Connecticut en una convención demócrata (en la que apoyó a un independiente). Sus amigos cuentan que reaccionó con orgullo al saber que el presidente Richard Nixon lo tenía en el puesto 19 de su lista de enemigos. "Una persona sin carácter no tiene enemigos", dijo una vez.

Newman fue una rara avis en Hollywood. Fue uno de los primeros actores en "comprar" su libertad del sistema de los estudios y pagó a Warner para romper el contrato que inició con el trabajo que más detestaba, El cáliz de plata. Y pocos matrimonios han sido más duraderos y sólidos que el suyo con la actriz Joanne Woodward, su segunda esposa, con la que se casó en 1958, tuvo tres hijos y una fructífera colaboración en la pantalla, las tablas y la vida. Cuando se le preguntaba por el secreto de tan larga unión, hablaba de "dosis correctas de lujuria y respeto".



Newman, apasionado de las carreras de coches, también conoció la tragedia. Scott, uno de los tres hijos de su primer matrimonio con la actriz Jacqueline Witte murió de sobredosis en 1978. Además, el hombre que elevó trabajos como La gata sobre el tejado de zinc y Camino a la perdición, su última aparición en el celuloide, siempre tuvo una espina clavada. Su padre, que nunca apostó por él, murió en 1950 sin ver lo lejos que había llegado alguien que, como dijo ayer el director Arthur Penn, "hizo mucho y todo bien".

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