miércoles, 25 de febrero de 2009

EL LUCHADOR


Hay algunas películas que más que por su propio valor se reconocen por algún elemento destacable. El caso de El luchador es uno de esos, reconocida por suponer la vuelta al mundo del cine de Mickey Rourke, después de múltiples excesos y descensos a los infiernos más diversos. Lo que ocurre es que ver a Rourke haciendo más o menos de sí mismo tampoco me parece tan valorable.

Me cuesta encontrar en esta película al genial director de películas como Réquiem por un sueño o La Fuente de la Vida. Su realización y el desarrollo de la historia son bastante convencionales, más allá de algunos planos o montajes que sugieren que detrás de este espectáculo hay algo más que un director corriente. Este luchador venido a menos, que malvive en combates de tres al cuarto, vendiendo autógrafos y camisetas, trabajando en la carnicería, atiborrándose de medicamentos para seguir en pie, puede ejemplificar bien lo que de adictivo tiene la fama.

Se diría que Rourke es ese personaje que, fuera del cuadrilátero, de los golpes de opereta pero que dejan secuela, de las mil y una maneras de excitar al público, no encuentra su sitio, como el soldado que regresa de una guerra. Solo que él sin el aplauso del público no es nada, como dice en una escena, le hacen más daño fuera del lugar donde se reparten tortas que dentro.

Su personaje tiene mucho en común con el de Marisa Tomei, ella también excita a la audiencia pero la diferencia es que ella sí es capaz de dar un giro a su vida.

La película es irregular, cansina y repetitiva en algunos momentos, emocionante en algún otro (el encuentro con al hija), honesta por el trabajo de Rourke. Espero con ganas que su director vuelva a su cine más personal y se olvide de ídolos caídos.


1 comentario:

rrey dijo...

a mi me parece que a los americanos se le vas la pinza muchísimo de vez en cuando y encumbran peliculas "simplemente normalitas" por una buena interpretación de un actor (vease El ultimo rey de escocia)