sábado, 14 de marzo de 2009

Almodóvar presenta Los abrazos rotos



Nunca el cine español ha vivido una rueda de prensa de tamañas dimensiones. Más de 300 asistentes, sala 25 de los cines Kinépolis Madrid -con una pantalla de 25 metros de largo por 10 de alto, en la que se proyectaba el encuentro, y mil butacas- y Pedro Almodóvar, en su terreno favorito, las ruedas de prensa, en las que demuestra su talento para el discurso mordaz y, si el torero está con ganas, explosivo. Ayer por la mañana, la ocasión se anunciaba propicia: el manchego presentaba Los abrazos rotos, que se estrena comercialmente el próximo miércoles; Penélope Cruz, a su vera, en su primer acto público tras ganar el Oscar; y como acompañantes Lluís Homar, Rubén Ochandiano, José Luis Gómez, Tamar Novas, Blanca Portillo y el productor Agustín Almodóvar.

El espectáculo duró una hora. Y en diversos momentos parecía que sí, que iba a estar a la altura de las grandes tardes, como cuando defendió Hable con ella, que el público reiría y reflexionaría con las declaraciones del autor. Sin ser una mala charla, en el aire quedó la sensación de que Almodóvar, que ha volcado todo su amor por el cine y por su profesión en Los abrazos rotos, no acababa de arrancar. Tampoco las preguntas le dieron pie. Trescientos periodistas juntos significa medios muy diferentes e intereses informativos demasiado alejados. Hubo cuestiones sobre Javier Bardem -envuelta bajo el cebo de ¿recibir el Oscar de una parte de una cara amiga..?-, que primero Penélope Cruz atajó y después Almodóvar zanjó; preguntas sobre el futuro italiano de la actriz -que se plantea repetir con Sergio Castellito, pero que casi seguro no se pondrá delante de una cámara en todo 2009-, y hasta una paisana manchega, que escribe una tesina sobre el cineasta, le declaró su admiración.

Almodóvar ya lleva unas semanas de promoción de su trabajo. "Penélope y yo tenemos compromisos hasta octubre". Pero con todo dejó un puñado de perlas en los 65 minutos. Sus recuerdos de Madonna no tienen desperdicio: "Madonna vino de gira en 1990 con su Blond ambition tour -y encima nos grabó para su peli, la muy choricilla, que estaba todo el rato pidiéndome el teléfono de Antonio Banderas porque se lo quería tirar y nunca se lo di...-, y aquí salía a correr con seis guardaespaldas. A mí me sorprendía, y ella me replicaba: '¿Tú no llevas guardaespaldas?'. Como no sea para tirármelos, le respondía... En fin, que quería decirle que la gente se sentía insultada por esas apariciones, como las que hizo Prince unos meses más tarde. Aquí nadie va a pegarle un tiro a una estrella. No hay peor modo de vivir que el de Michael Jackson".



A esa reflexión llegaba Almodóvar -escoltada la mesa por seis seguratas trajeados- desde su visión de la fama. "Mi día a día en Madrid se va empobreciendo por la popularidad. A mí lo que más me gusta es salir a mirar. Y no puedo. Hay gente que va a la televisión para salir en ella y que después la reconozcan por la calle. Si nadie se lo ha dejado claro, yo se lo repito: es una equivocación".

Penélope Cruz habló sobre su Oscar, que ya ha traído a España, y Almodóvar no perdió comba. "¿A que te llaman para conocerle? Con el primero tuve la sensación de haber tenido un niño. La gente me llamaba para conocerle, como si fuera un ser vivo. En los aeropuertos es un objeto peligroso. Penélope es famosa y no le dicen nada, pero yo iba con él al control de seguridad y me decían: 'En la maleta hay un objeto metálico contundente'. Yo respondía: 'Soy Pedro Almodóvar, director de fama internacional'. '¿Pe... qué?'. Con lo que me percataba de mi poca fama internacional: 'Sí, que he ganado un oscar'. '¿Usted?'. Como sabía que la anécdota me daría juego, no me molestaba mucho... Pero con otros premios es peor. Si sales de España con un goya, directamente te detienen".

Y para explicar su paulatino cambio de la comedia al drama, apuntó: "Hay un reflejo de mi edad en mi cine. En los ochenta mi vida era más coral, rodeado de gente. Ahora es más de interior. Es que me estoy convirtiendo en un maduro interesante".


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