lunes, 12 de octubre de 2009

ÁGORA

Qué poco ha cambiado la Humanidad en todos estos siglos que nos separan de lo que cuenta la última y extraordinaria película de Alejandro Amenábar. Cuanto se parece el mundo en el que vivimos a aquel fin de la armonía entre distintos pueblos, ideas, religiones. Ágora es una obra magnífica en su forma y en su contenido, ejemplo de la valentía de un director que demuestra que hace lo que quiere y muy bien siempre que tenga una idea que le apasione.



La película despliega sus historias entorno a la figura de esa mujer brillante, de mente incansable, llamada Hipatia, maestra que buscaba el sentido de la vida, que recogía en su aula a todos los hombres y que no vacilaba a la hora de enfrentarse al fanatismo. Hay más de un momento brillante en las palabras que Mateo Gil y Amenábar ponen en su boca, pero me quedo con aquello que le dice a uno de los obispos: tú no puedes dudar de nada y yo me permito dudar de todo. Es decir, tengamos miedo, mucho miedo, del que se plantea sus creencias como dogmas, sin posibilidad de discusión, y confiemos en aquellos que aún teniendo claro lo que piensan aún así están abiertos a la duda.

A nivel técnico, la peli muestra como en este mundo de efectos digitales que cantan ópera aún es posible que decorados artesanales den prestancia y realismo a la historia. Los decorados, ropajes, esos planos aéreos que descubren toda la ciudad, son portentosos.

Es una película valiente. Valiente porque en un cine hoy en día tan vacío, tan repleto de sinsentidos y fuegos de artificio, Amenábar nos ofrece un cine de ideas, de pensamientos, que consigue capturar la magia de aquellos tiempos en los que pensar sobre el Universo o sobre cualquier cosa era la mayor de las aventuras. Los que acudan buscando la batalla de turno saldrán decepcionados. La manera de retratar la violencia fanática es ejemplar, destacando esos planos aéreos que muestran a la muchedumbre como bichos sedientos de sangre, ovejas de un rebaño bien aleccionado.



Es valiente también porque los malos de la película son los cristianos, o mejor dicho, los más fanáticos, los llamados parabolanos. Nos muestra como los que en su día fueron perseguidos pasan a ser perseguidores sin ningún tipo de problema, como la sed de poder hace que se tergiverse cualquier enseñanza, como la violencia se convierte en la solución más fácil para quitar de en medio al disidente, al que piensa diferente, o que simplemente cree que hay otro Dios, o no hay ninguno. La cultura, el pensamiento, es lo primero que cae. Digo que es valiente Amenábar porque ofrece carnaza a todos los fanáticos cavernarios que aún viven entre nosotros.

Es también arriesgado poner a una mujer como ejemplo de la fuerza de las ideas y como diana del fanatismo más oscuro. En una gran interpretación de Rachel Weisz, Amenábar de nuevo, como en el tema del fanatismo religioso, dice muchas cosas de la sociedad actual.



En esta película emocionante y trágica, que nos hace pensar, y que en cierto modo, como en la estupenda The Road, muestra como aún en cualquier situación el hombre puede elegir (ser fiel a unos ideales, la compasión, el odio, el amor, el miedo…), el director de Los Otros ofrece otra mirada a su excelente Mar Adentro. La libertad del individuo ante el poder establecido, la necesidad de preservar al que piensa diferente sin tener que lapidarlo o llamarlo bruja, son elementos que en esta sociedad no se están perdiendo. Empezaron a hacerlo muchos siglos atrás.



Título: Ágora
Título Original: Ágora
Género: Drama
Director: Alejandro Amenábar
Intérpretes: Rachel Weisz, Max Minghella, Oscar Isaac, Ashaf Barhom, Michael Lonsdale, Rupert Evans, Homayoun Ershadi, Omar Mostafa
Nacionalidad: España
Duracion: 126 min.
Estreno: 09 de octubre de 2009

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