miércoles, 7 de octubre de 2009

SITGES 09. Día 7: Fly me to the moon



Duncan Jones (en la foto de arriba, junto a Sam Rockwell) tal vez era hasta ahora más conocido por ser hijo de David Bowie. Después de ver su primera película, Moon, en el Festival de Sitges a lo mejor debemos empezar a valorarlo como un director a seguir. La película nace del gusto de su director por las películas de ciencia-ficción de finales de los 70 y los 80, títulos como Atmósfera Cero, Naves Misteriosas o Alien.

Moon es la historia de Sam Bell (Sam Rockwell, Confesiones de una mente peligrosa), que es enviado durante tres años a la base Selene en la Luna con la misión de extraer recursos para intentar paliar la crisis que está sufriendo la Tierra con sus suministros energéticos. Su única compañía será el ordenador que controla la base (voz de Kevin Spacey). El film se centra en las dos semanas antes de que abandone la base para volver a casa.

La película es una excelente muestra del cine de ciencia-ficción que se hacía antes y que lamentablemente hoy en día parece perdido. Su idea era que esta película, con su look y desarrollo, pudiera pasar por una de esas películas de finales de los 70.
El director ha comentado en Sitges que viendo pelis como Terminator Salvation o Transformers 2 es fácil darse cuenta de cuánto se ha perdido de todo aquello. Su película, con poco presupuesto, equipo reducido, pero guión trabajado y un actor magnífico, nos habla de soledad y de las relaciones de larga distancia, de cómo estar alejado de la gente que quieres y solo puede crearte mil y una paranoias.



Se hablaba mucho de la otra película que he visto esta mañana dentro de la Sección Oficial Fantàstic Panorama, Paranormal Activity.
Se trata de una nueva película que nos quiere vender que lo que vemos es real, a lo Blair Witch Project, en este caso lo que una pareja graba en su casa para documentar que algo raro está pasando en ella. La chica parece estar siendo perseguida por algún tipo de demonio que les hace la vida cada vez más difícil.

Actores desconocidos que contribuyen a crear esa sensación de realidad, un único escenario, ruidos, sombras, sustos, conforman esta película que da miedito en algunos momentos y mantiene al espectador en tensión, lo cual es mucho en los tiempos que corren. Lamentablemente la cosa se alarga demasiado y la resolución nos suena a ya vista.

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