miércoles, 24 de marzo de 2010

LA REINA EN EL PALACIO DE LAS CORRIENTES DE AIRE

Desde que las aventuras de Lisbeth Salander y compañía llegaron a los cines nos hemos cansado de escuchar y leer el look televisivo de las películas o la falta de algunas tramas y personajes presentes en los libros. Todos tenemos claro, a estas alturas, que literatura y cine son medios distintos y que deberían valorarse individualmente. También sabemos que las películas que han llegado a los cines verán la luz de nuevo en forma de serie de Tv, con extendidos necesarios suponemos, e incluso como un remake americano que, a lo mejor, sin que sirva de precedente mejorará el original.

La última entrega no es muy diferente de sus predecesoras, más cercana a la segunda que a la primera película. La historia se retoma donde acabó la anterior y el desarrollo es el esperado, absolutamente predecible si has leído el libro, bastante rutinario y confuso si no lo has hecho. Da la sensación de que la poda ha sido mayor en esta ocasión y el ritmo de la película es más irregular hasta el punto que su duración se eterniza casi hasta el sueño profundo.

El personaje de Lisbeth, auténtico corazón de novelas y películas, queda aquí bastante desdibujado en apariciones episódicas salvo el final en el que un juicio revela todas las claves (o casi) Todo el conjunto, incluido los actores, la realización, tienen un tono bajo, sin genio ni brillantez alguna, que hace que el resultado final vuelva a estar cerca de la TV movie pero en este caso de segunda división.

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