sábado, 15 de mayo de 2010

ROBIN HOOD



Acudo al cine con cierta prevención ante este Robin Hood que el Festival de Cannes ha acogido, dicen, con frialdad. La verdad es me atrae su protagonista, el director, el guionista Brian Helgeland, pero pienso que esta historia del arquero de Sherwood ya la hemos visto muchas veces. Afortunadamente la película no nos cuenta lo que ya sabemos, la leyenda de Robin Hood, sino lo que ocurre antes, el regreso de las cruzadas y el enfrentamiento contra los franceses y un rey codicioso.

Robin Hood es un ejemplo de cine de entretenimiento de altura, construido en su historia de forma clásica, con elementos nada originales pero que funcionan gracias a la puesta en escena de un gran director como Ridley Scott y al trabajo de buenos actores como Russell Crowe y Cate Blanchett. No es solo una peli de acción sino que Scott se acerca a la época centrándose en las intrigas palaciegas, en la vida diaria del pueblo, en el día a día en la guerra. Como ocurría en muchos momentos de Gladiator, Scott nos sumerge en esa Corte corrupta donde solo importa el poder aunque el pueblo se muera de hambre.

Desde el primer minuto la película atrapa y durante sus casi dos horas y media se sigue con notable interés hasta el punto que cuando acaba uno se queda con ganas de más pero cómo se suele decir lo que pasa después es otra historia. Las escenas de batalla están rodadas con la habitual pericia de su director, con esa estética ya vista en Gladiator, y son un ejemplo de intensidad sin recurrir a cambios de plano cada segundo. La película se muestra igual de acertada en los momentos íntimos o en las escenas que Blanchett comparte con Crowe o cuando Max Von Sydow entra en escena con toda la dignidad del caballero venido a menos.

Sorprende también que, a pesar de los tópicos de la historia, Scott resuelve sin alargar escenas clave de la película, lo cual dice mucho de su talento a la hora de contar historias que todos conocemos de forma un poquito diferente.

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