viernes, 9 de julio de 2010

MADRES E HIJAS

Rodrigo García, además de ser hijo de Gabriel García Márquez, es también un director especializado en el universo femenino, o mejor dicho, en contar historias de mujeres. Descubrimos a este director y guionista en la excelente Cosas que diría con solo mirarla, una película que sentaba las bases de su cine: historias diversas que se acaban relacionando entre sí y que generalmente protagonizan mujeres. García se reveló como un director dotado para el diálogo y también para los silencios, para sugerir y mostrar sentimientos, para emocionar, al fin y al cabo.

Su siguiente trabajo, Nueve Almas, tenía parecidas características pero reconozco que no me gustó demasiado. Se me hizo algo aburrida, no acabé de conectar con ella. El director probó suerte luego con otro tipo de cine, una historia fantástica, Passengers, que aunque fuera diferente no me desagradó en absoluto.

Llega ahora Madres e hijas, no se si es su mejor trabajo, el más redondo, porque la veo un poquito alargada de metraje, pero nos devuelve lo mejor de su director. De nuevo diversas historias en las que la maternidad tiene una importancia capital, en las que el vínculo tan especial y poderoso que une a las hijas con sus madres se nos muestra de una manera sensible, emocionante, conmovedora, en ocasiones dolorosa.

García nos presenta a una hija que debe de cuidar a su madre enferma y que vive marcada por un hecho de su pasado y atrapada entre esas cuatro paredes; tenemos a una chica inteligente, decidida, que tiene muy claro a dónde quiere llegar pero que también oculta una pena del pasado, un vacío importante en su vida; por último, una joven pareja intenta conseguir a un bebé a través de la adopción y contactan con una madre de alquiler adolescente.

Todos estos personajes se relacionan a su vez con otros que van dando categoría al relato, que se muestran próximos, cercanos, creíbles gracias al texto y a la realización en la que todo es sobrio, nada exagerado, todo en su sitio casi como una sinfonía perfecta. Lógicamente el trabajo de las actrices es resulta capital para el resultado final de la película, todas en estado de gracia pero con una mención especial para una sublime Annette Benning y una extraordinaria Naomi Watts.

Una delicia de película, dura, emotiva, sensible, magnífica.

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