jueves, 18 de noviembre de 2010

SCOTT PILGRIM CONTRA EL MUNDO

Desde siempre el cine ha tenido películas con aspiraciones de llegar a todos los públicos y producciones más específicas para un determinado tipo de audiencia. El problema de las segundas es que pueden dejar fuera al público no iniciado que no entenderá o no aceptará de buen grado muchas de las referencias que utilizan o se sentirá desconectado de la pirotecnia que despliegan para contarnos su historia.

Scott Pilgrim es un híbrido entre cine de adolescentes en la mejor tradición de directores como John Hugues y el cine basado en vídeo juegos más extremo. Es una curiosa mezcla, muy propia de los tiempos que vivimos, basada en un cómic de éxito que han llevado al cine supongo que intentando ser fiel al original. El resultado, a un profano como yo, le parece desigual pero no desdeñable aunque, cuando empiezan las tortas, se me quede un poco la cara de sorpresa que pone Anna Kendrick en la película.

Scott es un chaval que toca en un grupo y que un buen día conoce a la que cree que es la mujer de su vida. Por si no fuera poco iniciar una relación se deberá enfrentar con los 7 ex novios de la chica, a cual más extravagante. Desde ese momento la película, que se movía en un terreno más o menos realista con un sinfín de efectos propios del cómic, se convierte en un vídeo juego de peleas, bien rodada, con detalles sorprendentes, pero que a mi se me hace un poco larga.

A nivel visual es de aplaudir la filigrana técnica que permite ese movimiento propio de los cómics y del vídeo juego, aunque no me parece excesivamente original, me recuerda a la infravalorada Speed Racer. Pero, como aquella, creo que hay que ver la película entera como un divertimento sin más, con detalles realmente graciosos, otros más flojitos, y una historia, a pesar de todo muy clásica de chico conoce a chica.

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