jueves, 7 de julio de 2011

BLACKTHORN

No ha elegido Mateo Gil una propuesta fácil para su segundo largometraje. Tras Nadie conoce a nadie, una apuesta sin duda más comercial, y el frustrado proyecto de Pedro Páramo, Gil se ha empeñado en volver al western, ese género que, quizás como ningún otro, combina aventura y moralidad. En este caso se enfrenta claramente ese modo de ver la vida que tiene el personaje protagonista, con unos valores determinados, que algunos dirían pasados de moda, con el de el joven español, un perfecto representante de los tiempos que corren.

La película ofrece todo aquello que promete de manera excelente. Con una realización excelente, muy cuidada en todos sus sentidos, y con una pareja protagonista que funciona, Gil nos lleva desde la melancolía por un tiempo pasado que sin duda fue mejor hasta la alegría que llega disfrutando con las pequeñas cosas que nos ofrece la vida.

La interpretación de Sam Shepard, enorme, contenida, emocionante, redondea una película excelente que demuestra que ciertos géneros no están en absoluto muertos y que reivindica una forma de entender la vida y también de hacer cine que tendríamos que tener muy presente.

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