sábado, 20 de agosto de 2011

SUPER 8

Si hasta ahora JJ Abrams había mostrado que ha visto mucho cine y que Spielberg es una de sus influencias más directas, Super 8, en la que se une al director de ET, es la constatación definitiva además de una feliz recuperación del mejor cine de los años 80.

Y es que hubo una época en la que el entretenimiento no estaba reñido con la calidad de la película. Tras muchos veranos de pseudo blockbuster veraniegos que no interesan a nadie, donde el ruido, cuanto más mejor, es la máxima, Abrams y Spielberg han tenido la idea de recuperar aquel cine que, jugando con los géneros, también se preocupaba de contarnos una historia. Desde su prólogo, donde Abrams con la complicidad de un Giacchino más John Williams que nunca nos ofrece una muestra de que menos es más, hasta su emocionante desenlace, Super 8 es una delicia auténtica.

Porque Abrams sabe rodar, lo sabíamos, pero tal vez es aquí donde se revela como todo un auténtico maestro fiel seguidor de los preceptos del Maestro Spielberg. Tan poco preocupados por absurdas modas, Abrams da tiempo a la historia, escribe con mimo sobre sus personajes, chavales que para variar no son auténticos memos, cuenta la historia como nadie, se muestra igualmente contundente en la acción como en las escenas intimistas.

Seguramente Super 8 no es una obra maestra, no sería esa su pretensión. Pero es impagable el escalofrío que provoca cuando reconoces escenas, temas comunes de ese cine ya casi desaparecido, el buen cine de nuestra juventud, la emoción que despierta la amistad de los chavales, ese primer amor o el sentimiento de pérdida que vive uno de sus protagonistas.

La mejor película de Abrams aún está por llegar pero lo que está claro es que este hombre tiene las ideas claras y talento suficiente como para avergonzar a tipos como Michael Bay.

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