sábado, 3 de septiembre de 2011

LA PIEL QUE HABITO

Pedro Almodóvar siempre ha jugado con el riesgo en su cine, unas veces combinado sus rasgos más personales con elementos de diversos géneros cinematográficos. Esto, unido a su manera de ser y expresarse, ha hecho que tenga una legión de seguidores dentro y fuera de España, que de todas formas tampoco le han aplaudido en todo, y también todo un grupo de detractores que, haga lo que haga, lo pondrán a parir.

Viendo La piel que habito no puedo más que aplaudir el arrojo del cineasta al enfrentarse a un género diferente, a un tipo de película que le es en principio ajena. El desarrollo argumental de la película ofrecerá de nuevo carnaza a sus críticos, y hasta aquí podemos contar.

Y es que, La piel que habito, es de esas películas de las que conviene no contar mucho. Poco más que decir. Nos quedamos con que es la historia de un doctor marcado por la muerte de su mujer en un accidente y empeñado en conseguir un tipo de piel más resistente. Sus experimentos tienen como paciente a una joven a la que mantiene encerrada en su casa.

Para un seguidor de Almodóvar como el que esto firma la película me parece que se la juega en su parte final y que sale airosa por poco. Dependiendo de la visión de cada espectador, Almodóvar nos ofrece un producto memorable o un bluff absoluto. Yo me quedo en el medio. Me gusta mucho cómo está rodada la película, me gusta la historia hasta esa parte central en la que hay un pequeño bache de ritmo y que ofrece ese cambio fundamental para la trama. Podríamos decir que me gusta bastante más que me disgusta pero me deja un poco desorientado ese final.

En cuanto al reparto, tanto Antonio Banderas como Elena Anaya están muy bien en unos papeles que no son especialmente fáciles. Tal vez Banderas esté un poco demasiado contenido pero es posible que sea así su papel.

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