sábado, 28 de enero de 2012

J. EDGAR

La película más floja de Clint Eastwood es mejor que la más afortunada de otro director. La maestría de este hombre a la hora de dirigir a los actores, de poner en imágenes la historia queda fuera de toda duda. Ahora bien, dicho esto, que se da por supuesto con este tipo de creadores, J. Edgar no sería la mejor película de Clint Eastwood. En la mayoría de su metraje (dos horas y 20 que no se hacen largas) uno asiste con moderado interés y solo ocasionalmente advierte el brillo, el talento, del Eastwood más inspirado.


La película no es un biopic guerrillero como los que solía hacer en sus buenos tiempos Oliver Stone. Eastwood prefiere mostrar al Hoover más íntimo pero no deja de enseñarnos la cara pública del personaje. A partir de la narración del protagonista, contando sus memorias, vamos viendo cómo Hoover crea lo que será el FBI tal y como lo conocemos y conocemos la manera en la que da entrada a nuevas técnicas de investigación acogidas con escepticismo por sus colegas. Al mismo tiempo y, condicionado por su entorno familiar, Hoover se dedica a perseguir a todo lo que le parece antiamericano o subversivo hasta el punto de crear un archivo privado que pone en jaque a todos los presidentes que se le ponen por delante.


Junto a ese lado más político, J. Edgar nos enseña la vida privada, la dependencia de su madre, las relaciones complicadas con su asesor personal contrarias a su pública homofobia y la relación especial con su secretaria.

Todo esto no deja en ningún momento de interesar pero solo acaba emocionando en las escenas más íntimas donde Eastwood se revela como lo que es, un grandísimo director. De Leonardo DiCaprio poco podemos decir. Su talento también queda fuera de duda y en esta película construye un Hoover humano y convincente. Lástima que a veces los maquillajes a lo Muchachada Nui despisten un poquito.

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