domingo, 26 de febrero de 2012

LA INVENCIÓN DE HUGO


Un año en el que el cine parece volver la vista atrás para recuperar la esencia de este arte que no es otra que la de contar historias y hacernos soñar. Desde que se inventó mostrar imágenes en movimiento supuso un gran acontecimiento. Poco a poco los cineastas se dieron cuenta que aquello servía también para contar historias, para hablar de nosotros, para imaginar mundos y personajes fuera de nuestro alcance, para emocionarnos, hacernos reír y llorar.
En un tiempo en el que vivimos inmersos en películas sin sentido, en cine sin alma, un tiempo que recupera una técnica antigua como el 3D simplemente como una manera de hacer más dinero pero que en contadas ocasiones se emplea con una finalidad artística.


Ha tenido que llegar un veterano, un hombre que ama el cine, que creció con él, que se maravilló con lo que le ofrecía la sala oscura, que aún hoy tiene presente a los clásicos cuando se pone a dirigir. Ha tenido que llegar el Sr. Martin Scorsese para enseñarnos cómo se usa el 3D y para ofrecernos un bellísimo homenaje al cine pero también para contarnos una bonita historias de hijos, padres, amistad y amor.

Al final del pase al que he asistido esta mañana de la maravillosa La invención de Hugo se han escuchado aplausos a los que me he sumado. No es que la peli sea una obra maestra rotunda pero nos ha llevado a lugares que creíamos olvidados, nos ha cogido desde el minuto uno y no nos ha soltado. Hemos sentido real esa estación, la ciudad de París, hemos tocado esas máquinas que Hugo admira y repara, hemos sentido la emoción por el recuerdo del padre y el recuerdo del cineasta Méliès por tiempos mejores. Hemos conectado con un reparto de excelentes actores, desde el primero al último, perfectos.


La película es una maravilla, no solo por su técnica, por la manera que tiene Scorsese de rodar, sino también y especialmente por lo que nos cuenta. Un homenaje, un poema de amor al cine, a los pioneros, a su capacidad de hacernos soñar y de evadirnos del mundo. Pero un sincero homenaje también a sus creadores, a la gante que luchó contra todo para llevar adelante este invento, a los cineastas de todo el mundo que aún hoy sienten esa necesidad de dedicarse a forjar nuestros sueños. Y esperemos que, por muchos años, el Sr. Martin Scorsese siga haciéndolo.

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