sábado, 25 de febrero de 2012

MI SEMANA CON MARILYN

Las películas que se acercan a personajes míticos del cine, la música o la política corren el riesgo a menudo de quedarse cortas, es decir, que el espectador, que no conoce demasiado al personaje real más allá de lo común, pueda pensar al ver el filme que no había para tanto. Recientemente un servidor, viendo La dama de hierro, salvo en contadas ocasiones, acaba pensando que la Thatcher no fue para tanto cuando la realidad histórica dice lo contrario.


A la hora de acercarse a un mito inmortal como Marilyn Monroe, la mujer más sexy del mundo, la estrella de cine que quiso ser actriz, la chica que solo quería que la quisieran, el cine corre un gran riesgo. Tenemos tan presente su imagen, su voz, sus películas, sabemos tanto de su vida infeliz, que una película como Mi semana con Marilyn juega con fuego. Tal vez sabiendo esto, la trama prefiere centrarse en el rodaje que la Monroe hizo en Reino Unido junto a Laurence Olivier para El príncipe y la corista. Allí, Marilyn se enfrenta a un tipo de interpretación diferente a la vez que lidia con sus problemas personales y conocerá a un joven que en cierto modo le hará sentirse querida.

La película, partiendo de esta premisa, se gana al espectador rápidamente con simpatía y pocas pretensiones. Sí, sabemos que Marilyn es un personaje colosal pero parece como si la peli lo afrontara con humildad y sencillez sabedora de que, un reparto excelente, y una historia con las dosis justas de amor y drama, le bastan.

Funciona muy bien esa historia de cine dentro de cine, de lo cotidiano de personajes tan importantes como Olivier o la propia Marilyn. Enfrentada a sus propios demonios la Monroe se las ve con un veterano actor que buscaba convertirse en estrella y que, a pesar de sus reticencias, se rinde como todos ante el magnetismo natural de la actriz. Hay en la película un peculiar enfrentamiento entre la estrella americana real, Williams, y los actores británicos. Resulta un placer absoluto ver a Kenneth Branagh por fin en un gran papel, fantástico, impresionante especialmente cuando en un par de ocasiones recita a cámara. Y las apariciones de Judi Dench son memorables, como casi siempre.



De todas formas lo más difícil, lo que sustenta a la peli, es el inmenso trabajo de Michelle Williams. Salvando el físico, Williams se convierte en Marilyn, muestra toda la fragilidad de la persona y la irresistible atracción del mito. Me quito el sombrero ante su trabajo, no solo hay imitación en ella sino que consigue hacerla vivir como un personaje real.

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