domingo, 11 de marzo de 2012

INTOCABLE

El cine francés se ha apuntado dos tantos esta temporada. Por un lado ha conseguido que por primera vez una producción francesa se llevara el Oscar a la mejor película, entre muchos otros galardones que The Artist ha ido cosechando desde su estreno. Por otro lado ha conseguido que una película como Intocable se coloque número uno de taquilla por encima de títulos americanos durante nada menos que diez semanas.

Estos dos hechos dicen mucho de una cinematografía como la francesa capaz de alternar diversos géneros y de salir airosa casi siempre gracias al trabajo de sus técnicos y actores. Intocable es una de esas películas que juegan en terreno conocido, que se basa en una historia de superación y de amistad que busca el favor del público. Este planteamiento, este deseo, el de conectar con la audiencia, la película no lo esconde, y me parece legítimo tanto el pretenderlo como la manera de conseguirlo. Siempre he defendido que el cine es manipulación, para emocionarnos, hacernos reír, llorar, asustarnos... ¿Intocable nos manipula? Francamente, me parece un debate absurdo.


La película es de aquellas que te enganchan rápido, desde el primer minuto su combinación de humor y drama te gana. Lo hace con dos protagonistas excelentes, dos actores que se complementan a la perfección y que engrandecen a sus personajes y a un guión muy bien calculado. François Cluzet sabe extraer de esa quietud de su personaje un alarde de expresividad mientras que Omar Sy compone un personaje poderoso, repleto de buen humor y buenos sentimientos. A pesar de que la película podría definirse como amable no esquiva los elementos más dramáticos de la historia, y se permite alguna que otra crítica social a mi juicio muy pertinente.

Pero, reflexionando sobre la película, creo que su mejor virtud es que consigue que poco a poco no veamos a un rico tetrapléjico y a su asistente de los barrios humildes sino a dos personas que partiendo de mundos diferentes se hacen amigos.

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