sábado, 14 de abril de 2012

MADRID, 1987

No se puede negar que David Trueba es un tipo valiente, o un inconsciente según algunos. Trueba, tras unos cuantos años sin dirigir, ha vuelto al cine con una propuesta kamikaze: dos actores que se desnudan física e intelectualmente y un único escenario.


Los que sigan el cine de David Trueba no se sorprenderán demasiado al acercarse a esta historia, reconocerán al hábil guionista creador de grandes frases, al fino examinador de los comportamientos humanos. La película se ambienta en 1987, un veterano periodista de vuelta de todo contacta con una joven estudiante de periodismo. Él quiere acostarse con ella y saborear su juventud. Ella tal vez quiera llevarse algún secreto del oficio de escritor. O tal vez no. Ambos quedan encerrados desnudos en un lavabo cutre esperando que alguien los rescate en un Madrid desierto en verano.

A un servidor le gusta el Trueba director con moderación, unas películas más que otras, el Trueba novelista le interesa, especialmente con la magnífica y agridulce Saber Perder. Me interesa el inicio de la peli, me maravilla la forma de hablar de un enorme José Sacristán, esa manera de hablar autoritaria, rotunda, llena de sentencias, de experiencia. La película comienza con él empezando a hablar de lo divino y lo humano, de la vida, el arte, el cine, la edad, la belleza, la juventud, la realidad española... Y a partir de ahí el contrapunto de María Valverde se va haciendo también grande, poco a poco, desvelando sus cartas. No es fácil enfrentarse a Sacristán y ella salva la papeleta con nota.

No todo me gusta en la película. Mejor dicho, hay momentos que me cansa un poco la situación, que me da tiempo a pensar en mis cosas, pero vuelvo a ella cuando me gana una frase brillante, un gesto, una mirada de sus actores.

La película merece la pena, es evidente que no es para el gran público, pero ni falta que le hace. Aunque no sea redonda hay mucha verdad en ella y eso me gusta.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Madre mía, que putruño de trailer