viernes, 29 de junio de 2012

HYSTERIA



Una comedia que parte de un hecho como la invención del vibrador bien podría convertirse en una cosa zafia y burda pero en Hysteria sucede todo lo contrario. De hecho podríamos decir que ese hecho no es más que una anécdota, la coartada perfecta, para contar una historia de amor y retratar la sociedad de la época. 

Nos encontramos en un momento de cambio, donde la ciencia convive con las viejas tradiciones y el médico protagonista choca frontalmente con las prácticas de la vieja escuela. Su modernidad no deja de ser relativa pues el joven doctor sigue atado a las convenciones sociales y a las reglas del decoro aunque intuye que tal vez ese no sea su camino. En su camino se cruza la hija rebelde de un médico de renombre especializado en aliviar la histeria de las mujeres, es decir, en provocarles orgasmos que sus maridos o ellas mismas no se dan. 

Mediante la anécdota y la presencia del personaje de la hija del médico la historia va desarrollando esa crítica hacia una sociedad que negaba a las mujeres no solo su propia individualidad sino también el derecho al propio placer. Si bien es verdad que la peli siempre mantiene un tono amable y ligero no deja de mostrar de forma rotunda a una sociedad machista que aún no ha desterrado los fantasmas de la tradición más rancia. 

La película se ve con agrado, con una sonrisa casi constante, y al mismo tiempo este envoltorio simpático esconde esas cargas de profundidad que hacen pensar al espectador en unos modos que aún hoy no están del todo olvidados. El trabajo del reparto es excelente y convincente, desde Hugh Dancy a una estupenda Maggie Gyllenhaal, y contribuyen a hacer de Hysteria una peli tan recomendable como agradable.

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