sábado, 24 de noviembre de 2012

Muere el director José Luis Borau


José Luis Borau, Premio Nacional de Cinematografía, académico de Bellas Artes y de la Lengua y expresidente de la Academia Española de Cine y de la SGAE, falleció ayer en Madrid a los 83 años, tras una larga enfermedad. Nacido en 1929 en Zaragoza, Borau era director, productor y distribuidor de cine y responsable de clásicos de la cinematografía española como Tata míaFurtivos Hay que matar a B, pero además cultivó otras facetas como las de escritor e historiador. 

Borau hizo la carrera de Derecho en Zaragoza y Madrid y se licenció en 1954, cuando ya escribía sobre cine en el diario El Heraldo de Aragón. Tras ganar unas oposiciones a funcionario público del Ministerio de la Vivienda, se graduó en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas con En el río, en el año 1961. Después ejerció como profesor de guión en la Escuela Oficial de Cine de Madrid y de dirección en la Cátedra de Cine de la Universidad de Valladolid, donde tuvo como discípulos a Manuel Gutiérrez Aragón, Pilar Miró e Iván Zulueta, y debutó como director de cine, por encargo, con Brandy (1963) y Crimen de doblefilo (1964). En 1967 creó su propia productora, El Imán, y durante unos años alternó el rodaje de anuncios publicitarios con la producción de películas ajenas como Un, dos, tres, al escondite inglés, que pese a dirigirla Iván Zulueta la firmó Borau por problemas sindicales, o Mi querida señorita (1972), de Jaime de Armiñán. 

En 1977 produjo Camada negra, de Gutiérrez Aragón, y al año siguiente El monosabio, de Ray Rivas, colaborando en el guión de ambas cintas. Tras una etapa de inactividad como realizador, volvió a la dirección en 1973 con la película Hay que matar a B, ganadora de varios premios del Círculo de Escritores Cinematográficos. 

De su etapa como director destacan los largometrajes Furtivos (1975), Concha de Oro del Festival de San Sebastián y protagonizado por Ovidi Montllor, Lola Gaos y Alicia Sánchez; La sabina (1979), coproducido con Suecia y protagonizado por Ángela Molina; Río abajo (1984), rodado en EEUU, o Tata mía (1986), con Carmen Maura, Alfredo Landa, Marisa Paredes e Imperio Argentina en el reparto. Tras una nueva pausa como realizador escribió el estudio El caballero d'Arrast (1990), sobre el director Harry d'Abbadie. En 1992 realizó para TVE la serie Celia, basada en los cuentos infantiles de Elena Fortún y cuyos guiones escribió junto a Carmen Martín Gaite. Con motivo de la Expo 92 hizo el cortometraje Sevilla siempre, producido por Juan Lebrón, única ocasión en la que coincidió con otro grande del cine español: Fernando Fernán Gómez. En 2008 Sevilla le galardonó con el Giraldillo de Honor de su Festival de Cine Europeo. 

Borau estuvo al frente de la Academia Española de Cine entre el 30 de octubre de 1994, cuando fue elegido para sustituir a la junta directiva provisional nombrada siete meses atrás, a raíz de la muerte del actor Fernando Rey, y el 29 de noviembre de 1998, cuando le sucedió Aitana Sánchez-Gijón. Desde la presidencia impulsó publicaciones como Los cuadernos monográficos y dirigió la elaboración y edición del Diccionario del cine español

En 1996 regresó a la dirección con Niño nadie, intervino como actor en la película de Sergio Cabrera Ilona llega con la lluvia y coordinó la antología Cuentos de cine, que, con motivo del centenario del cine español, recogió los textos sobre cine de 38 escritores españoles y latinoamericanos. En 2000 dirigió Leo

Su muerte deja huérfano a su mejor heredero: el lenguaje del cine como parte de la vida. "En mi vida no he hecho más que leer y ver películas", afirmaba este hombre de las grandes cejas y la sonrisa impertérrita, "el mejor presidente que ha tenido la Academia de Cine", según el vigente, Enrique González Macho. La bandera de la Real Academia de la Lengua está a media asta por la muerte de quien ocupó su letra "B" y "tenía un sentido del humor único y una capacidad de autocrítica enorme. Era de la tradición del aragonés puro, inteligente", declaró el director de la RAE, José Manuel Blecua. Para directores como Monxto Armendáriz "con él se va un trozo de nuestra vida". "Hemos perdido una voz y una palabra de cine", afirmó el ministro de Cultura, José Ignacio Wert, tras visitar la capilla ardiente de Borau, cuya pérdida lloraba amargamente Concha Velasco.

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