viernes, 21 de junio de 2013

TRANCE


No vamos a pedir ahora a Danny Boyle sutilezas. En una escena clave de Trance el director pretende supuestamente escandalizar o conmocionar al espectador a lo Verhoeven pero se queda en un burdo momento de viejo verde que poco añade a la historia. O que podía haberse resuelto de otra forma. 

Así es Trance a mi juicio. Un juego pirotécnico que arranca bien, anunciando una historia de robos de lo más entretenido, pero que se convierte, con la entrada de la hipnosis y los caprichos de la memoria, en un increíble artefacto que culmina en un desenlace decepcionante.


Boyle maneja a su antojo sus señas de identidad y ofrece una realización vistosa pero hueca.NI siquiera la selección musical me parece acertada, dando el traste con algunas escenas que no estaban del todo mal. Los actores no están del todo mal pero James McAvoy flaquea un poco en algunas escenas, no se si por su propia incapacidad o por la dirección de Boyle.


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