domingo, 8 de septiembre de 2013

CRUCE DE CAMINOS

En Breaking Bad, serie a la que me he enganchado tarde pero que habla de tantas cosas que daría para un libro o dos, hay un momento en el que el personaje de Walter White recibe una enseñanza que le cambia la vida. Le vienen a decir que un hombre, a pesar de todo, siempre se preocupa del abastecimiento de su familia: “a man provides”.


Un poco de esto hay en Cruce de Caminos, absurda traducción de The place beyond de pines. Uno de los protagonistas es un tipo que va por la vida de paso hasta que se entera que tiene un hijo y decide dejar la vida que lleva hasta ese momento para preocuparse de su familia, pese a todo. Este hecho lleva a unas consecuencias que permiten al cineasta Derek Cianfrance de hablar de culpas, de las consecuencias de nuestros actos, de cómo todo pasa por un motivo, de las casualidades de la vida, y, por encima de todo, de padres e hijos. 

Muchos temas, como veis, y no banales, y tal vez eso hace que la película los toque todos pero no profundice demasiado o no nos convenza de lo que nos cuenta. En su anterior trabajo, Blue Valentine, Cianfrance hacía de la economía de medios una virtud para contarnos una historia muy vista pero que funcionaba por ese planteamiento. En Cruce de caminos no pasa lo mismo, echo de menos más garra, más pasión en la interpretación y la puesta en escena. Tal vez en manos de otro director o con otra forma de rodar la película ganaría, a mi juicio, en intensidad. Queda como una película correcta pero poco más. Tampoco es que los actores ayuden demasiado. A Ryan Gosling empezamos ya a verle el truco, Bradley Cooper no da mucho la talla y solo Eva Mendes pone algo más de corazón en su personaje.


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