sábado, 21 de septiembre de 2013

LA GRAN FAMILIA ESPAÑOLA

Que La gran familia española se haya colocado la semana de su estreno en la primera posición de la taquilla española no deja de ser una anécdota, el resultado de una campaña publicitaria adecuada, pero también la constatación de que la película de Daniel Sánchez Arévalo es de esas que gustan a la gente, que uno recomienda porque sabe que no fallará. 


Partiendo de 7 novias para siete hermanos y su influencia en una familia corriente, la familia, las relaciones, el amor, vuelven a ser los temas recurrentes que el director presenta en forma de una peculiar familia preparada para una boda el mismo día España juega la final de la Copa del Mundo. Este escenario, el de la boda, siempre favorable a la risa o el drama en manos del director y guionista se convierte en una nueva muestra de su habilidad para combinar estos elementos, tan presentes en la vida, con mano maestro y especialmente ayudado por un reparto ajustado. Más cerca de Primos que del drama de su primera película o de Gordos, la película se disfruta perdonando sus ocasionales momentos que no acaban de funcionar.

Es Sánchez Arévalo un director que gusta de trabajar con los actores, a lo mejor a veces en exceso, lo que provoca alguna situación forzada, demasiado guionizada; pero este celo hace que en la mayoría de sus película, y esta no es excepción, aflore aquello tan complicado de simular en el cine: la verdad. De la vida, del mundo, de cómo somos y cómo queremos ser. Sirva como ejemplo el discurso que Quim Gutiérrez se marca hacia el final de la película, casi un compendio de lo que el director explora con su cine.


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