lunes, 30 de diciembre de 2013

LA GRAN BELLEZA


Escribe David Trueba en El País de hoy: “Hace tiempo que el cine considerado más importante, ofrece películas que aspiran a retratar lo absoluto”. Y una de las películas que cita es La gran belleza de Paolo Sorrentino que intenta encontrar la solución al vacío existencial”. La película ha sido muy bien recibida por la crítica y el público hasta el punto que mi interés por verla ha podido a mi pereza navideña.

La película de Sorrentino es ambiciosa, como dice Trueba, no se puede aspirar a retratar lo absoluto porque es inabarcable. Pero como bien dice en el artículo a veces la auténtica gran belleza está en el retrato de las pequeñas coas que hacen realmente bella la vida.



A través de un periodista desubicado en la Roma actual, Sorrentino muestra cómo parte de la sociedad romana, la burguesía, anestesiada y encerrada en su cárcel de lujo, pasa el rato entre fiestas absurdas y coartadas pseudointelectuales. Aunque Sorrentino se centre en una parte concreta de la sociedad su mirada puede ser perfectamente válida en otros estratos sociales.

Porque vivimos en la impostura, lo sabemos, rodeados de belleza que no sabemos ver porque la estupidez y el vacío nos la esconden. Basta ver por ejemplo a esa artista que no sabe contestar al periodista, tan reconocible en tantos personajes de derribo que pueblan nuestro mundo. El protagonista se mueve en una Roma contradictoria, de pasado glorioso y presente que solo aspira a bailar refritos máquina de canciones de la Carrá.

El director no parece tomar partido, muestra lo que ve para que el espectador se forme una opinión pero sí presenta a tres tipos de persona que viven de muy diferente manera el declive de la sociedad actual: el periodista vividor pero consciente de su vacío, el empresario callado que dice que mueve realmente el país y una religiosa que solo aspira a gozar de las pequeñas cosas.



La película es notable en su mirada, en la manera de mostrar la ciudad y sus personajes pero se hace un poco larga y en ocasiones pierde un poco el ritmo. Un poco más de humildad tal vez no le vendría mal.

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