domingo, 29 de diciembre de 2013

PELICULILLAS

Por unas razones u otras hace muchos días que este blog solo se actualiza para incluir el enlace al último programa. Por eso, entre comida navideña y cena festiva, aprovecho hoy para recuperar el comentario de algunas peliculillas que un servidor ha visto estos meses. Alguna de ellas incluso sigue en cartelera.

David Trueba nos ofrecía en Vivir es fácil con los ojos cerrados una propuesta cinematográfica mucho más convencional que su anterior filme, Madrid 1987. La historia real de un profesor de inglés que en la España de 1966 se marcha a Almería a encontrarse con su ídolo, John Lennon, que se encuentra allí rodando una película, le sirve al director y guionista para crear una película amable llena de personajes entrañables y en la que destaca especialmente el trabajo de Javier Cámara.


De Solo Dios perdona ya hablamos cuando nos ocupamos del Festival de Sitges. Su paso por la cartelera ha sido muy discreto, una lástima. A mí me parece una de las propuestas más interesantes del año, una obra que recuerda a David Lynch y que mantiene muchas de las señas de identidad de Nicolas Winding Refn que ya vimos en Drive. Para el recuerdo queda el trabajo de Kristin Scott- Thomas y el quietismo pertinaz de Ryan Gosling.

The Cabin in the Woods llegó a los cines cuando todos ya la habían visto por internet. Un desatino en la distribución para una película que no merecía esa suerte pero que tampoco es la obra magna que se nos decía. Es una historia afortunada que juega con las convenciones del cine de terror, como tantas otras pelis, y que resulta entretenida aunque su parte final sea bastante regulera.

Las adaptaciones literarias tienen el peligro de no contentar al fan más acérrimo o de dejar fuera al que no conoce la obra en la que se basan. El juego de Ender me sorprendió por su sobriedad, por el desarrollo de la historia bastante fiel al libro, por las preguntas que plantea y el buen trabajo de su protagonista, Asa Butterfield.

Retornados también la comentamos al hablar de Sitges, una historia que parece un capítulo menor de The Walking Dead a la que le fallan los actores y el desarrollo de la historia.


Y el mejor Woody Allen, para algunos, de los últimos años, Blue Jasmine, a mí me pareció un aburrimiento total. La historia de esta mujer con problemas mentales, algo que todo el mundo obvia, da para una película que no avanza y se retuerce sobre sí misma, con una Cate Blanchett no siempre acertada y unos secundarios de desigual resultado.

La huida no tiene nada que ver con la peli de Steve McQuenn. Se trata de la historia ce dos hermanos que roban un dinerillo y se refugian en un pueblo de montaña. Funciona como entretenimiento y poco más.

Una familia de Tokio es una maravilla agridulce con dos protagonistas  a los que coges cariño enseguida y que tiene la virtud de contar una historia familiar que podría pasar en cualquier parte del mundo y emocionar de la misma forma. Sin duda una de las películas del año.

Los juegos del hambre, la primera, me gustó, aunque flaqueaba en su parte central. En llamas me convence bastante menos, me aburre, y ofrece más o menos más de lo mismo sin demasiada novedad y una duración exagerada.

Bienvenidos al fin del mundo, fin del trilogía del cornetto, también tardó mucho en estrenarse y es una lástima. Es una peli que puede gustar a todo el mundo, que habla de la crisis de la mediana edad con un poquito de amargura y un mucho de humor. Como suele pasar en las pelis de Nick Frost y Simon Pegg, la brillantez no se mantiene hasta el final pero es una peli más que recomendable.

El Consejero no parece de Ridley Scott. Una de las decepciones más grandes de las temporadas que quedará para el recuerdo solo por el peinado de Bardem o el numerito en el coche de Cameron Diaz. Un desastre.

El matrimonio y sus problemas amenazan el fin de semana que se regalan los protagonistas de Le Week-end en París. Una película agridulce que sostiene su gran pareja protagonista, Jim Broadbent y Lindsay Duncan, y poco más.

El Hobbit. La desolación de Smaug tiene de bueno que entra directamente en la acción, sin la presentación de enanos y demás de la primera parte pero adolece como aquella de cierta sensación de relleno que hace la película irregular. Tiene cosas muy buenas, como el ataque de las arañas, Smaug, o parte de la persecución por el río pero se pierde en el afán de Peter Jackson de sacar petróleo de una novela de aventurillas infantiles que no tiene nada que ver con el tono más sombrío de El Señor de los Anillos.


La película del año para muchos es para mí una peli más. El abuso de los tópicos lastra la narración fría de 12 años de esclavitud. Como en Shame, el director hace un acercamiento casi de cirujano a una historia real que creo necesitaba más emoción y que solo me conmueve ocasionalmente. Chiwetel Ejiofor hace un gran trabajo en un papel construido a su medida.

Si queréis ver una peli poco convencional ya tardáis en ir corriendo a las salas que pasan Gente en sitios. No se puede explicar de qué va porque es imposible. Es una película irregular, sus historias me funcionan a veces y no se bien a dónde quiere ir pero como apuesta diferente vale la pena.


Y acabo con el viaje de Ben Stiller en La vida secreta de Walter Mitty, ejemplo de cine para toda la familia bien hecho pero al que perjudica ciertos errores de guión y el afán de Stiller por ser gracioso cuando no hace falta. Si no tenéis pasta para iros de vacaciones la película nos ofrece un bonito recorrido por distintos lugares del mundo lo cual tampoco está mal.

La traca final es para Lars Von Trier, genio y figura, más cerca de la nefasta Anticristo que de la maravillosa Melancolía en Nymphomaiac volumen 1. La historia de esta mujer de deseo sexual acusadísimo le sirve al director para meter un montón de reflexiones cogidas por los pelos, filmar con su habitual deleite todo tipo de detalles escabrosos y dejarnos, al menos a mí, más frio y aburrido que viendo un especial de Raphael. Pocas ganas de ver la continuación.

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