martes, 29 de abril de 2014

EL VIENTO SE LEVANTA

“El viento se levanta. Intentemos vivir”. Esta sería una de las traducciones del verso de Paul Valery que se convierte en leit motiv de la última película hasta la fecha del Maestro Hayao Miyazaki. Se ha repetido hasta el hartazgo que esta es su última película, esta vez de verdad, pero un desmentido posterior me parece suficiente para no asegurarlo. De todas formas, estaremos de acuerdo en que El viento se levanta bien puede leerse como el testamento cinematográfico del director japonés, un compendio de su obra, de muchos de sus temas favoritas paradójicamente puestos en escena en su película más realista.

El protagonista vive su incapacidad para ser piloto a causa de una miopía como una oportunidad de dar vida a sus sueños diseñando aviones. Busca la belleza de la forma, emplea toda su energía en el trabajo y con la ayuda en sueños de un diseñador italiano acabará dando forma a unos aparatos tan perfectos como mortíferos en manos de la industria militar. Como el protagonista de El Imperio del Sol, entre lo más duro de la vida, terremotos, hambrunas, problemas sentimentales, el avión y su vuelo se convierten en la vida que toma esa imaginación que nada puede parar. El viento nos va llevando en volandas pero al vida acaba frustrando los sueños o dándoles otra forma no siempre agradable.

Hay en la película muchos temas, muchos matices, que hacen rica la película más allá de su parte visual que de nuevo es tan arrebatadora como bella. La historia de Japón, sus costumbres, el pasado y el futuro, las guerras y calamidades, se cuentan o muestran en la película de manera admirable aunque a mi juicio un recorte en la duración de la película le favorecería.

Pero, volviendo al principio, hay en El Viento se Levanta la presencia de esa idea de fin de ciclo del Maestro. En la peli se dice que un artista debe aprovechar sus diez años buenos. En cierto modo es como si Miyazaki nos viniera a decir que él ya ha dejado soplar su viento, lo ha aprovechado al máximo y nos ha dado obras magníficas y que ahora hay que vivir o intentarlo, de otra forma, aprovechando o haciendo frente a lo que la vida nos depara.

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