martes, 12 de agosto de 2014

Muere Robin Williams


Despertarse con una noticia como la muerte de Robin Williams no es una buena manera de empezar el día. Primero uno cree que es uno de esos rumores de Internet pero cuando ve las redes sociales llenas de comentarios de colegas actores y amigos uno sabe que es verdad. Y entonces uno siente que se le ha muerto un amigo. Ya se que no es comparable con perder a alguien cercano pero una generación que ha crecido con este actor extraordinario lo siente de verdad. Y vaya si lo siente. Solo hace falta, como decía, acudir a Internet y ver las sinceras muestras de afecto de todo el mundo.

Era Robin Williams uno de esos tipos capaces de hacerte reír, de emocionarte, de darte miedo, lo que viene siendo un gran actor, capaz de brillar en cualquier película y papel, sea cual fuera. Williams será para siempre el locutor de Good morning Vietnam, el profesor Keating, el colega locuelo de Jeff Bridges en El rey pescador, un Peter Pan que olvidó qué era ser un niño perdido y tantos otros que quedarán en nuestro recuerdo.

Williams empezó haciendo televisión en series como El show de Richard Pryor, Con ocho basta y Días felices. Fue en 1980 cuando se embarcó en la aventura de dar vida a Popeye a las órdenes de Robert Altman y ya no paró de hacer cine: El mundo según Garp, Un ruso en Nueva York, Club Paraíso… Hasta que llega Good morning Vietnam (1987).

Adrian Cronauer era capaz de inventar una radio frenética y alocada gracias a la habilidad extraordinaria de Williams para modular la voz y gesticular. Pero también estaba ahí el Williams serio que no podía creer como el ser humano se empeñaba en matarse en una guerra inútil.



Vendrían luego películas como Las aventuras del barón de Munchausen poquito antes de llegar a la cumbre que supone El club de los poetas muertos (1989). Película generacional, bella en su discurso, poderosa en la interpretación de Williams dando vida a John Keating, un profesor que muchos queríamos tener y que pocos encontramos. La película aún hoy tiene un discurso vigente y es gracias al trabajo de su protagonista que consigue transmitírnoslo extraordinariamente.



De la comedia en Cadillac Man al drama de Despertares se mueve Williams hasta que llegan Hook (1991) y El rey pescador (1991). Dos trabajos diferentes y geniales a la vez, de la ligereza aparente de uno al hondo pesar del otro, el actor salió airoso como en toda su carrera ganándose al público sin aparente esfuerzo.

Williams incluso puso voz a un genio en Aladdin, hizo juguetes en Toys, se convirtió en niñera británica en la divertidísima Señora Doubtfie, se metió en juegos peligrosos en Jumanji, paseó su pluma en Una jaula de grillos, desenfocado en Desmontando a Harry o educando a Matt Damon en El indomable Will Hunting (1997), uno de sus papeles más valorados tal vez por aquello que los cómicos siempre parece que deben demostrar que no solo saben hacer reír. Sea como sea su trabajo es igualmente notable.


Aún tuvo tiempo de viajar Más allá de los sueños, una de sus películas que más me gustan, de ser un doctor muy especial en Patch Adams y de convertirse en un robot más humano que los humanos en El hombre bicentenario.

La parte final de su carrera está dominada por los papeles dramáticos y por cierto abandono por parte de la crítica y el público. Muchas de sus últimas películas ni se han estrenado.  Asesino en Insomnio, fabricante de sueños en La memoria de los muertos, o siniestro fotógrafo en Retratos de una obsesión.

Muchos títulos, y los que me dejo, múltiples caras de un actor genial al que siempre recordaremos con cariño. Hasta siempre, Oh Capitán, mi Capitán.



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