viernes, 10 de octubre de 2014

SITGES 2014: Día 8


Antonio Banderas ha pasado por Sitges en una visita relámpago. El actor malagueño ha venido a recoger el Gran Premio Honorífico del Festival, que en esta edición también ha sido concedido a Roland Emmerich. Banderas ha llegado con su nuevo film debajo del brazo,Autómata, donde interpreta el papel de Jacq Vaucan, un agente de seguros de una compañía robótica en la que afronta un descubrimiento vital. El film coloca el espectador en un contexto de ciencia-ficción realista y plantea un escenario futuro pero plausible, especulando sobre el momento en que la inteligencia artificial pueda superar la inteligencia humana.  

La llegada de Banderas ha reunido una multitud, tanto cuando ha llegado al Hotel Meliá Sitges –donde ha sido recibido por el alcalde de Sitges, Miquel Forns, y el director del Festival, Àngel Sala–, como cuando ha pisado la alfombra roja acompañado de Gabe Ibáñez. El actor ha subido al escenario a recoger el Gran Premio Honorífico que le ha concedido el Festival por su trayectoria cinematográfica. Banderas ha manifestado su agradecimiento por este reconocimiento, que ha querido dedicar a una de las personas con quien más trabaja codo a codo y que es la productora ejecutiva de Autómata: Yolanda Jiménez Polonio. Durante su intervención, Banderas ha cualificado su vida “como la ciencia-ficción: que un niño de Málaga haya podido hacer estas películas me parece increíble”.  

Pero hablemos de cine, o de algo parecido. En este festival se pone de manifiesto muy claramente cómo el género fantástico está muerto si no aporta nada nuevo a lo ya visto. A las fórmulas conocidas del cine de género hace falta que se añada algo más sea talento en la dirección o arrojo en la historia. Poco de eso estamos viendo. Muchas películas suenan a ya vistas. Como la de hoy, The rover, una road movie posapoclíptica que sigue a Guy Pearce y Robert Pattison por las carreteras de Australia. Salvo por los actores la película es lo mismo de siempre, nada nuevo bajo el sol ni especialmente brillante en su desarrollo. Olvidable.

Menos mal que The signal nos ha sorprendido. Se nota que hay un buen director detrás que se preocupa de la realización y de tener una historia con la originalidad necesaria. Tres chicos persiguen a un hacker informático y se encuentran con lo inesperado, gente chunga del gobierno y misterios en sus propios cuerpos. La película entretiene e interesa y tiene más de un momento especialmente brillante. Esperemos que se estrene porque merece la pena.




What we do in the shadows es la penúltima peli que veo este año. Se trata de un falso documental sobre un grupo de vampiros que comparten piso. A los problemas de convivencia habituales como lavar los platos se unen los derivados de su condición de chupasangre. La película es una chorradita pero es divertida y se agradece como contrapunto a algún ladrillazo que hemos visto por aquí.

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