sábado, 1 de agosto de 2015

INSIDE OUT (DEL REVÉS)

20 años separan Toy Story de Inside Out, 20 años en que la compañía ha pasado de ser un fenómeno que demostraba las posibilidades enormes de la animación por ordenador a convertirse en una creadora de emociones.


Con Toy Story el público descubrió aquello que los juguetes hacen cuando no los vemos y nosotros solo acertamos a vislumbrar lo que la compañía sería capaz de hacer en los años siguientes. Al igual que las entregas de Toy Story fueron desplazando el foco de los juguetes a sus dueños, en definitiva a nosotros mismos, empezamos a darnos cuenta que Pixar no es solo responsable de películas para niños.

Los adultos descubrimos que además de disfrutar con lo mismo que los niños encontramos en sus películas otros elementos de interés y conmovedores.

Porque el cine de Pixar habla siempre de nosotros, sea en forma de juguetes que se dan cuenta que Andy se hace mayor; de bichos convertidos en los 7 magníficos; de Monstruos que no pueden dejar de visitarnos; de peces que viven grandes aventuras; de súper héroes cotidianos; de coches que hacen la carrera de su vida; de ratones con aptitudes culinarias; de robots más humanos que los humanos; de abuelos que descubren que la mayor aventura ya se ha vivido; de heroínas que se resignan contra su destino.

Es en Inside Out donde la compañía ha dado un paso adelante. Adormecida en continuaciones y derivaciones de sus éxitos, han apostado fuerte situando al espectador en la cabeza de una niña que ve como una mudanza trastoca su mundo. La película funciona para los más pequeños por sus personajes aventureros, colores, texturas; pero de nuevo es el adulto el que ale sobrecogido de la sala. Se ha reconocido en esos personajes, ha visto su niñez, su juventud, los primeros amigos, lo que dejamos atrás cuando nos hacemos mayores.

Como dicen en los créditos, los creadores agradecen a sus hijos la película y les piden que nunca crezcan. Como Peter Pan, el espectador que ve Inside Out por unos mágicos minutos se convierte en el niño que fue, recuerda con nostalgia esos momentos y dice también adiós a muchas cosas que la protagonista debe dejar de lado.

Se llama crecer, se llama evolucionar y la película nos muestra ese cambio de manera espectacular, brillante, divertida e ingeniosa pero sobre todo con dos o tres momentos marca de la casa que te dejan el corazón encogido.



Se llama crecer. Lo cual según se mire es abandonar al niño que fuimos en ese pozo de recuerdos que se difuminan. Pero gracias a Pixar podemos darle aire a ese sentimiento, recordar y no olvidar que dentro de nosotros sigue estando ese niño que, cual anuncio pegajoso, de tanto en tanto reclama su espacio. Escuchémosle un poco. Se lo debemos.